[Crítica] "Julie y Julia"

miércoles, 13 de enero de 2010

Por: Gonzalo Restrepo Sánchez*  Publicado originalmente en El Cine sin ir más lejos, blog de ElHeraldo.com



“Julie y Julia” es una película dirigida por Nora Ephron (“Tienes un e-mail”) que nos cuenta en clave de comedia lo secretos de cocina —que a la larga no son tan secretos— y que está protagonizada por Meryl Streep (en destacadísimo papel de Julia Child), Amy Adams como Julie Powell y Stanley Tucci.

Y es que la película es la adaptación de un libro de Julie Powell, a su vez traslación literaria de su blog en Internet, en la que transcribía su intención de poder cocinar en  trescientos sesenta y cinco días todas las recetas de la famosa cocinera Julia Child publicadas en los años sesentas. Lograrlo sería toda una obsesión mucho más allá de  “chuparse los dedos”.

Con un excesivo metraje quizá, la cineasta Nora Ephron alterna la historia de Julia Child en el París de los años cincuentas con el de Julie Powell en la ciudad de Nueva York de nuestros días, con una disposición precisamente de la buena dirección —aquellos elementos del buen cine, que bien aderezados, le confieren  satisfacción  al habitante de las salas de cine—. Uno de esos condimentos, es sin lugar a dudas la caracterización de los personajes.

Y esto lo digo porque a la larga se puede establecer un paralelo entre las personalidades de las dos mujeres, si no desde la óptica de cómo ven la vida a través de la cocina —que también es conocerce uno mismo, pues todo es el resultado de una serie de criterios en la buena disposición de distribuir los elementos a cocinar—, sí de compartir sus experiencias y elevada autoestima.



Y es que si partimos de la hipótesis (quienes no sabemos cocinar), que no debe resultar fácil sobre todo cuando hay que satisfacer paladares, “Julie y Julia” resulta ser la metáfora de las buenas y “sazonadas” intenciones de nuestras actitudes en la vida. Pero si usted no lo ve así, ¿cuántas veces no ha resuelto un pequeño conflicto con su pareja en un restaurante de buena cocina? Con seguridad que más de una vez. Y si es la primera cita con alguien que nos gusta... ¿Existe otra “receta” —cita en un restaurante— mejor para un encuentro sincero?

En el restaurante y en la cocina no se disimula. No se puede ser hipócrita. Así que tanto Julie como Julia encontraron en la comida sus respectivos proyectos de vida y por ende caminos hacia la realización personal. Y aunque usted no lo crea: ambas apoyadas por sus parejas. Y es que Julie y Julia sin las perspectivas de éxito en sus mentes, logran transmitir con ese  contagioso entusiasmo y optimismo, que todo lo que hace en la vida con amor, tiene sus buenos resultados.

El cine latinoamericano respecto al tema que hoy nos ocupa, tiene en “Como agua para chocolate” (México, 1991), de Alfonso Arau, y “Fresa y chocolate” (Cuba, 1993), de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, posibles temas de ensayo. Aunque realmente el film que se centra en el tema de la comida, es el dirigido por el mexicano Arau. La cocina es un lugar mágico: Inolvidable es la escena en que los invitados al matrimonio rompen a llorar sin ninguna pena, después de haber degustado el opulento banquete cocinado por Tina (Lumi Cavazos), quien andaba sufriendo penas de amor.

Pero la comida también es símbolo de la nostalgia. En la película “El hijo de la novia” (2001), del cineasta argentino Juan José Campanella, Rafa se enfrenta a la encrucijada si vende o no el restaurante de sus padres cuando eran jóvenes emigrantes italianos y preparaban aquellos platos deliciosos.

Cine y gastronomía no tiene mucho en común, pero el hijo del escritor Manuel Vázquez Montalbán, Daniel Vásquez Sallés en su libro “Comer con los ojos”, plantea un viaje en el que el autor ofrece una reflexión subjetiva sobre el cine, la cocina y la memoria. También, vale la pena traer a colación, “El libro de cocina de Hitchcock”, de Berndt Schulz.

El libro es un extenso menú de 22 recetas, aderezado con citas a otras tantas películas del  “maestro del suspense”, en donde el ensayista Berndt Schulz “sirve con suma inteligencia los ingredientes fundamentales de Alfred en su películas: comida, bebida, es decir, arte culinario, no exento de una buena dosis de crimen, con una pizca de castigo, pasión, suspense y sobre todo, aderezado de ironía, humor y un buen relleno de ingenio”.
Y es que a la larga la comida (y el cine) entran por los ojos.

*Gonzalo Restrepo Sánchez es realizador de cine y tv. Además, escritor y conferencista internacional. Catedrático de la Universidad Sergio Arboleda en la Fac. de Comunicación Social y miembro de la Federación Internacional de Prensa Cinematográfica (FIPRESCI) con sede en Munich (Alemania). E-mail: elcinesinirmaslejos@gmail.com

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